Unos 190 linfomas se diagnostican cada año en Cantabria y su incidencia aumenta por el envejecimiento de la población
Más de 50 hematólogos analizan en Santander los retos y avances en el abordaje del linfoma B difuso de células grandes
Alrededor de 190 linfomas se diagnostican cada año alrededor en Cantabria. La incidencia de este tipo de cáncer ha crecido en los últimos años asociada al envejecimiento de la población y su prevalencia va en aumento.
Así lo ha indicado la doctora Sonia González de Villambrosia, hematóloga del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, que ha señalado que "todavía tenemos necesidades médicas no cubiertas en ciertos perfiles de pacientes pero, la buena noticia, es que cada vez contamos con más opciones terapéuticas".
González de Villambrosia ha participado en el encuentro científico HematoNorte, impulsado por Roche Farma, que ha reunido en Santander a más de 50 hematólogos para analizar los retos y avances en el abordaje del linfoma B difuso de células grandes, que supone cerca del 40% de los linfomas no Hodgkin.
El linfoma B difuso de células grandes (LBDCG) se origina en los linfocitos B, un tipo de glóbulo blanco responsable de la producción de anticuerpos, y se considera un linfoma de comportamiento agresivo debido a su rápido crecimiento. Puede aparecer tanto en los ganglios linfáticos como fuera de ellos y aunque suele diagnosticarse en personas mayores de 60 años, también afecta a adultos jóvenes.
La hematóloga de Valdecilla ha explicado que el linfoma B difuso de células grandes exige rapidez diagnóstica, precisión en la evaluación y una estrategia terapéutica adaptada a cada paciente. "Hemos avanzado de forma muy relevante en los últimos años, pero todavía hay pacientes que no responden al tratamiento inicial o que tienen una recaída tardía, y ahí sigue estando una de nuestras principales prioridades".
La jornada se ha celebrado bajo el lema `Raíces que nos impulsan`, una idea que conecta la trayectoria de la innovación en Hematología con los desafíos actuales: avanzar hacia una medicina más precisa, mejorar el abordaje de las recaídas, reducir la toxicidad, incorporar la evidencia científica a la práctica clínica y atender de forma más integral las necesidades de pacientes y cuidadores.
Durante el encuentro, los especialistas han abordado la investigación clínica y los ensayos en Hematología, la actualización científica en linfoma B difuso de células grandes, la personalización del tratamiento tras la recaída a la primera línea, las nuevas aproximaciones en linfoma folicular, los avances y evidencia en vida real en hemofilia A y las nuevas opciones terapéuticas en hemoglobinuria paroxística nocturna (HPN), así como el papel práctico de la inteligencia artificial en el día a día del hematólogo.
Más allá del abordaje clínico, HematoNorte ha puesto el acento en la calidad de vida y en las necesidades médicas no cubiertas de los pacientes. Recibir el diagnóstico de un linfoma agresivo como el LBDCG puede generar ansiedad, miedo e incertidumbre, por eso es fundamental contar con una red de apoyo y acceso a información clara y fiable, ha indicado la organización.
Tras el tratamiento, se deben establecer controles periódicos para detectar recaídas a tiempo y atender secuelas físicas o emocionales. Además, es importante mantener una buena comunicación con el equipo médico, expresar dudas y participar activamente en las decisiones sobre la salud.
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