Ya terminó el Mundial y somos campeones, pero quiero hablar del famoso tema de «saber perder». En el fútbol, como en la vida, saber perder es un arte, un arte que pocos dominan, y no es un trago fácil de digerir. De hecho, requiere dosis elevadas de madurez, porque la derrota también forma parte del juego.
Ya se han apagado, como era de suponer, los ecos de la visita de León XIV a España. En apariencia, ha constituido un éxito espectacular, y mucho se ha hablado y escrito acerca de su impacto en el deseado renacer religioso, ya que las manifestaciones de júbilo han sido evidentes porque el pueblo en España busca encontrar a Dios. A mi entender, cualquier reflexión y valoración sobre la visita de León XIV ha de partir de la situación real de la Igle
España es un Estado en el que las regiones más ricas reciben privilegios económicos que necesitan las más pobres, y si piensan en el concierto vasco o en las vacaciones fiscales lo entenderán enseguida.
La vida cotidiana es una noticia en sí misma, y es posible contarla con respeto a la verdad, con pasión y con belleza, o con crudeza, o con lo que se quiera, pero con hechos verdaderos contados libremente.
Durante décadas, Occidente creyó que la globalización económica terminaría acercando a China a los modelos liberales occidentales. Se asumía que la apertura comercial, la integración financiera y el desarrollo tecnológico, conducirían inevitablemente a China hacia una economía más abierta y una política más flexible.
El pícaro progresista que habita en el Gobierno o en los Parlamentos se presenta como un adulterador de leyes y normas pretendiendo denunciar, de manera sarcástica, los problemas de la democracia constitucional, que no fue redactada a medida de su concepto de progreso, a pesar del acuerdo unánime de todos los participantes en su redacción.
El otro día, mientras veía las noticias en un digital, me vino a la cabeza la tremenda frase de Charles Dickens : «Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación...».
Afirman algunos que la obra por excelencia del irlandés James Joyce es «Ulises». Permítanme que discrepe... «Ulises» es un libro extraordinario, aunque se hace pesado, y después de leer hace unos años «Dublineses», me quedo con esta última obra. «Dublineses» es un libro especial, es un libro que se compone de quince relatos que conforman uno solo, es decir, la base.
Según cuentan algunos libreros, el pasado día 23 de abril batieron todos los récords de ventas en un día de Sant Jordi. Seguramente es cierto, pues se vieron imágenes de gente arremolinada en las calles alrededor de los puestos de libros.
Dicen, y será verdad, que cruzando la calle desde la sede del PP en la calle Génova en Madrid, se llega en un minuto a pie a la Audiencia Nacional, y cien metros más adelante se llega a la sede del Tribunal Supremo en la Plaza de la Villa de París.
Hace poco oí en boca de un diputado socialista que «la enseñanza concertada es la enseñanza privada de los pobres»... Eso es un insulto a las familias de clase media. Todavía no me he repuesto de esa frase tan vergonzante y maligna,
Desde hace ya tiempo, los intelectuales españoles de izquierdas optan por el silencio cobarde, es decir, se encuentran paralizados, están confundidos, y no poseen ni valor ni solvencia para enumerar las numerosas y pésimas acciones del Gobierno extremista de Sánchez, es decir, se han plegado a ese ejército de mercenarios
Supongo que alguna vez nos da por pensar en los hábitos que vamos a tener que reducir en nuestra civilización en un futuro no muy lejano. Sabemos que ya existe un nuevo orden mundial dominado por las perniciosas élites.
Todos los fenómenos del universo, y por ende de este minúsculo planeta en el que habitamos, están regidos por las leyes de la física, y todas ellas se describen mediante fórmulas matemáticas. Eso sí, tanto la física como las matemáticas siempre probaron en mí una gran pereza.
No entiendo cómo se puede crear un «tribunal político» para que decidan qué se puede escribir o qué se debe decir en la radio o en la televisión. Esto no es democrático.
No deja de sorprender el número importante de autoridades públicas que están hoy sometidas a investigaciones judiciales o han sido condenadas por delitos que están relacionados con las arcas públicas.
Hubo un tiempo, no tan lejano, en que los jóvenes leían, o leíamos, cuantos libros caían en nuestras manos. A veces por consejo, a veces por imposición curricular, pero en otras por alimentar ese gusanillo que despierta el ansia por descubrir esa literatura que ha devenido en la actual.
Dando por cierto que en este país la envidia es el deporte nacional, los españoles somos muy dados a la obcecación, pero la obstinación y la porfía no le van a la zaga. Aquí, como decía Antonio Machado, «de diez cabezas, nueve embisten y una piensa».
Lo bueno de la sinceridad es que hay que perseguirla, ya que no es patrimonio inalienable e innato del hombre, y lo malo es uno de sus factores externos : está sobrevalorada.
Todo lo que piense, diga o escriba y alguien deduzca, escuche o lea, habrá sido pensado, dicho, escrito, deducido, escuchado o leído por una persona u otra en algún momento de la historia de la humanidad.
Leer y escribir son dos habilidades esenciales en sí mismas para nuestro desarrollo personal, ya que nos permiten disfrutar del legado escrito de generaciones pasadas, o de un sinfín de historias que sólo se pueden contar en papel.
La cultura es aquello que no se transmite por los genes, que sólo es posible traspasar mediante el esfuerzo del que la traspasa, pues debe enseñar a amarla, a quererla y a promoverla, y el receptor debe absorberla, trabajarla interiormente y estudiarla mental y sentimentalmente.
Hemos llegado a un punto en que lo que era agradable en un buen término medio se ha convertido en algo molesto y tedioso. Veo poco la televisión, y la radio ni la escucho, pero cuando enciendo la tele te encuentras el mismo debate en las diferentes cadenas : que si dónde está el dinero, aquí o allí;
Desde que nacemos, vivimos rodeados de personas, de objetos y de sonidos, pero sobre todo de palabras, aunque nosotros aún no podamos utilizarlas en nuestros primeros meses de vida.
El asunto que voy a tratar es una muestra más de la incapacidad gestora de un Ministerio y una trasnochada aberración conceptual : el arte es un articulo de lujo destinado a los ricos y por tanto gravable con el IVA máximo, similar a los bolsos de Marc Jacobs de la vicepresidenta Yolanda Díaz, y que seguramente compra a cargo del erario público.
La máquina que Vox puso en marcha hace ya tiempo empieza a ser rentable, y las mentiras, la crispación y el odio que esparce la izquierda reaccionaria desencantan a la ciudadanía. Un nuevo Gobierno en el que esté Vox solucionará problemas, y sobre eso no tengo duda alguna.
Vivir en cualquier ciudad española, y leer sobre lo que de ella se escribe no siempre coincide. Lean libros sobre la historia moderna de España y se encontrarán miles de ejemplos.
Fue en 1970 cuando Paco Martínez Soria protagonizó la película «Don Erre que Erre». Dirigida por José Luis Sáenz de Heredia, la escena principal se centra en una oficina bancaria donde el personaje, Don Rodrigo, retira dinero en ventanilla.
Es sintomático y preocupante que Sumar, uno de los socios minoritarios de Sánchez pero en el Gobierno, haya declarado recientemente por boca de Lara Hernández que la okupación en España no existe.
En nuestra sociedad existen mecanismos pensados para acompañar situaciones familiares complejas. Ejemplos son los servicios sociales, la atención sanitaria, la mediación y los recursos judiciales. Sin embargo, en la práctica, estos apoyos llegan tarde, de forma fragmentada o, directamente no llegan
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